Este ensayo traza las historias de Jane Eyre, protagonista de la novela homónima (Charlotte Brontë 1847), y Antoinette Cosway, protagonista de El vasto mar de los Sargazos (Jean Rhys 1966). Son historias paralelas de abandono y búsquedas fallidas que convergen en un punto: Edward Rochester. Se sugiere que el final feliz de Jane y el final trágico de Antoinette están determinados por la imposibilidad del etos victoriano, encarnado en Rochester, de aceptar el caos: el desorden que representa Antoinette -desorden de la alteridad- debe ser sometido. La represión, entonces, aparece como única posibilidad de existencia.
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